En el principio
fue la locura y el vómito.
En aquellos días
las flores del mal crecían
desde mis tierras.
El frío y la imaginación
se perdían en la bruma,
y mis ojos cerrados
se volvían polvo.
Un polvo que nadie vio,
pues nunca más los abrí.
¡Si hubieran visto los cielos
grises y aterradores
que me cubrían!
No querrían vivir para contarlo.
Me hice marcas en la piel
para recordar el pasado
y cambiar el futuro.
Inventé mi lenguaje
y le hablé a los árboles,
y me escucharon,
es por eso que callan.
Le di a Dios el poder suficiente
para crear su universo
y jugar con sus creaciones.
Reírse de ellas, enloquecerlas.
Y me hizo caso.
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